Luego de un largo viaje en micro desde Praga con el equipo olímpico de la República Checa, finalmente arribamos con Tato a Roma. Realmente es difícil encontrar una ciudad tan impresionante. Desde la arrogante opulencia del Vaticano hasta la atemporalidad del Foro y el imponente Coliseo. Es una ciudad que uno no puede dejar de visitar.

Roma está lleno de aventuras, desde tratar de cruzar una calle, a tomarse el subte (ahh, y encontrar alguna indicación de para donde uno va), pedir la cuenta del expreso, o tratar de colarse en el tren.
Nos quedamos en Ferentino, en la casa de Pablo, quien se portó muy bien con nosotros. Eso sí, para no lavar, teníamos que tomar el desayuno todos de la misma taza!




No hay comentarios:
Publicar un comentario